
El lobby del hotel era enorme y muy moderno. El día anterior, cuando llegué, estaba tan cansada que ni siquiera me molesté en echarle un vistazo, por lo que mientras esperaba que una amable señorita terminase de atender a una pareja aproveché para fijarme en el color de sus paredes, en los sofás a juego, y en el trasiego de gente que no paraba de entrar y salir del hotel. Había gente de todos lados, sobre todo asiáticos, es incríble, vayas a donde vayas ves gente de Asia, lo cual es lógico, solo chinos hay 1.500 millones, como para no verles...
Justo detrás mia se situó una pareja. De repente abrieron la boca y comprobé que eran españoles, así que decidí hacerme la loca y no mirarles. Estaban discutiendo porque a ella no le gustaba la ciudad, decía que olía mal, que todo le daba aspecto de sucio y que estaba deseando llegar a España. Él en cambio decía que ella exageraba, que Nueva York era una maravilla, y que lo que más valoraba era el anonimato, poder pasear por la calle y que nadie les mirase. En ese momento pensé en si serían famosos, porque sino por qué les iban a mirar. Mi curiosidad pudo conmigo y les miré con disimulo. ¡Vaya! Él era el presentador de un famoso concurso de la televisión y ella ¡ostras! la modelo que hasta hace nada salía con el jugador del fútbol... No me extraña que él quiera ser invisible, en España tendrían una legión de paparazzi detrás y aquí, como nadie les conoce, pueden hacer su vida con tranquilidad. Ella lloraba en plan ñoña y él la decía que se tranquilizase, que solo iban a estar dos días más y se volvían. En fin, que la gente es medio tonta, quererse ir de aquí porque huele mal.
Ya llegó mi turno. La recpecionista me dió el sobre y me senté en un sofá a leerlo con mucha curiosidad. En él mi jefe decía que se había suspendido la reunión y que habían decidido regresar a España porque era absurdo quedarse allí una semana para nada. Eso sí, me daban la opción de quedarme... pero el hotel me lo tenía que pagar yo de mi bolsillo, con lo que las cosas iban a cambiar para mi. 450 dóláres la noche era mucho, y no sé cómo le sentaría a mi marido que me gastase tanto. Lo que sí tenía claro era que me quedaba, irme a Madrid ni de coña, pensaba aprovechar la semana a mi bola, luego ya me lo quitaría de otros gastos y ya está.
Comenzaba entonces la búsqueda de mi nuevo hotel ya que tenía que dejar este al día siguiente. Con mi mapa en la mano me dirigí hacia el Soho, la zona más céntrica y donde podría encontrar los hoteles más asequibles.
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