jueves, 17 de abril de 2008

María la mexicana


María llegó a Manhattan hace cinco años. Ella nació en México pero siempre soño con vivir en un país en el su vida fuese más sencilla de vivir. Me explico. María no pudo ir al colegio porque tenía que ayudar a su madre a criar a los siete hermanos que iban tras ella por lo que casi no sabía ni leer. Cuando cumplió 15 años se marchó a la capital, a D.F, a buscarse la vida pero allí solo encontró explotación y la misma pobreza que en su pequeño pueblo. Trabajaba limpiando casas de ricos y por las noches su compañera de casa la enseñaba a leer y escribir. Conoció a Bruno y con 18 años se casó. Pero veía que esa no era la vida que quería y a los 20 años le convenció para emigrar a España o Estados Unidos. Su marido le dijo que él no se quería ir, que era muy difícil entrar y más adelante quedarse, pero ella dijo que se iba. Y se fue. Le abandonó y con el poco dinero que tenía ahorrado cruzó la temible frontera norteamericana. Lo logró y los primeros años malvivió limpiando, de nuevo, para una familia de Beverly Hills, hasta que se cansó y decidió cambiar Los Ángeles por Manhattan. Allí vivía una amiga suya de México que le podía ayudar y sin pensárselo dos veces hizo las maletas y se cruzó medio país. De nuevo kilómetros y kilómetros hasta llegar a Nueva York. Tuvo suerte. Conoció a un chico guatemalteco que llevaba 15 años viviendo allí, se enamoraron, se casaron, María logró la nacionalidad norteamericana y a los pocos meses nació Lulú, la niña más bonita del mundo.
Toda esta historia se me ocurrió mientras regresaba a mi hotel y vi a una joven inmigrante pasear con su niña junto a mi. Y pensé que tras ella se escondería una historia parecida a la que acabo de contar. Al menos ese era mi objetivo.

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