domingo, 23 de marzo de 2008

La llegada

Welcome to New York

Señoras y señores.
Estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto JFK de Nueva York. La temperatura en estos momentos es de unos 16 grados, el cielo está despejado y la hora local aquí es las 15,15. Por favor pónganse el cinturón y apaguen los aparatos electrónicos hasta que el avión esté firme en el suelo.
Qué horror, comienza ese tremendo pitido en mis oidos, siempre que viajo en avión me pasa, es una sensación horrorosa. ¡¡¡Mira esa pobre mujer!!! se ha agarrado al brazo del marido y ha cerrado los ojos, está temblando. A mi no me da miedo volar, me da igual subirme a un avión que me lleve a Barcelona que a otro que me lleva a Seul, ya puestos, si me tengo que morir casi prefiero que sea en un vuelo, dicen que no te enteras y las posibilidades de sobrevivir son de un uno por ciento. Por eso me resulta tan increíble la serie Perdidos. Es imposible que un avión se parta por la mitad en el cielo y la mayoría de los pasajeros solo se hagan una pequeña brecha en la ceja o les salga un moratón en la pierna... Sé que es ficción, y que en cierto modo el encanto de dicha serie radica en que a más de uno (y me incluyo la primera) nos gustaría que alguna vez nos pasase algo así: desaparecer en una isla tropical, donde nadie te pueda localizar, donde tu gente se piense que estás muerta y que encima tus compañeros en dicha isla sean así de guapos y con esos cuerpos musculosos... Yo que quieres que te diga, que no me importaría que en un momento malo de mi vida cogiese un avión y terminase tirada en una playa sin tener que pensar en tener que poner el despertador para levantarme al día siguiente.
Uy! y mientras fantaseaba con ello me doy cuenta que ya hemos llegado. La gente se levanta para coger sus bolsas y equipajes de mano y yo medio ida.
Menos mal que sé que los de Delta no me iban a dejar tirada en este avión y mi jefe menos.

Lo peor son las colas para pasar inmigración. Entre la cara de ogro que te ponen los agentes y los nervios de pensar que te puedan confundir con una terrorista... madre mia, a ver si pasa pronto. A una amiga mia la confudieron con una narcotraficante colombiana en el aeropuerto de Los Ángeles (y eso que es rubia, blanca y tiene los ojos azules, que más que de Colombia podría ser de Suiza) y se llevó un susto tremendo. Al parecer su nombre y primer apellido coincidían con el de la angelito que estaba en busca y captura y, tras tres horas de interrogatorios, finalmente la liberaron. Y encima ni le piden perdón, jódete, te amargamos el viaje y ni siquiera te pedimos disculpas. En fin, que ya me toca. Crucemos los dedos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

sii hay era donde vivia belida que luo guau